jueves, 8 de noviembre de 2012

A PROPÓSITO DE ROBESPIERRE Y DE SPINOZA


   Y a propósito también de Manuel Fernández-Cuesta, que acaba de publicar dos artículos que me han llamado poderosamente la atención, “Robespierre y el imaginario constituyente”  y “Spinoza y la necesidad de lo colectivo”. 
   Me complace que Manuel Fernández-Cuesta se haya saltado las normas de etiqueta y nos ponga ante una cita de Robespierre sin preocuparse por los escalofríos que este nombre  pueda provocar: “Un pueblo cuyos mandatarios no deben dar cuenta de su gestión a nadie no tiene Constitución. Un pueblo cuyos mandatarios sólo rinden cuentas a otros mandatarios inviolables, no tiene Constitución, ya que depende de éstos traicionarlo impunemente y dejar que lo traicionen los otros”.  Y no me complace menos escuchar la voz de Spinoza, entendida como una apelación a la sabiduría, en abierto desafío contra la el burdo darwinismo social que pretenden imponernos los doctrinarios del Estado neoliberal (todo él concebido para llevarse por delante el bien común e imponernos la ley de la jungla).  
    ¿Acaso es demasiado remoto y oscuro Spinoza? Pues no: las citas que trae a colación Manuel Fernández-Cuesta, tomadas de su Ética, son de las que no dejan dormir: “Aquella sociedad, cuya paz depende de la inercia de unos súbditos que se comportan como ganado, porque sólo saben actuar como esclavos, merece más bien el nombre de soledad que de sociedad”. De pronto, he aquí que el pensamiento de Robespierre y el de Spinoza se hacen presentes, con una tremenda carga de actualidad.  Manuel Fernández-Cuesta nos invita, o más bien nos obliga, a contemplar la realidad a la luz de la herencia intelectual que nos corresponde.
     Desde la óptica del poder que pretende arrasarnos debe ser hasta gracioso vernos mareados por “las noticias”, empeñados en hacernos de nuevas, insistir en la acomodación, seguir al pie de la letra la norma no escrita que impide mentar a Robespierre,  a Spinoza, a Marx o  a Engels, cual si fuéramos todos unos perfectos inocentes, pequeños Adanes dispersos a los que se puede vender mil veces la misma mula coja…  ¡Y ya basta!
   Véase http://www.eldiario.es/zonacritica/Robespierre-imaginario-constituyente_6_61303876.html y  http://www.eldiario.es/zonacritica/Spinoza-necesidad-colectivo_6_65853427.html  

viernes, 12 de octubre de 2012

RECORDANDO A DIONISIO RIDRUEJO


     Hoy, 12 de octubre, se conmemora el centenario del nacimiento de Dionisio Ridruejo (Burgo de Osma, 1912-Madrid, 1975). Aún me duele su ausencia, aún me pregunto qué pensaría él de esto o de lo otro, de lo que me pasa a mí, y de lo que nos pasa. Y cosa extraña, ahora que me acerco a la edad en que él murió, constato que su figura, lejos de empequeñecerse, se ha ido agrandando en mi  memoria.  
    Estoy a la espera de que salga la reedición corregida y aumentada de mi libro Dionisio Ridruejo, poeta y político. Relato de una existencia auténtica, que estará disponible muy pronto (RBA). Allí cuento su vida, una vida digna de ser contada, y a la que habrá que regresar muchas veces para tratar de entenderle no sólo a él sino también al tiempo que le tocó vivir, sobre el que todavía proyectamos un viejo esquema maniqueo del que más nos vale escapar. A ese libro remito al lector interesado, pues su vida no cabe en un post… Mi visión más intimista se encuentra en “El yo misterioso de Dionisio Ridruejo” (http://www.tintank.es/?p=111).
    Hoy, brevemente, y a manera de homenaje, quisiera tener un emocionado recuerdo para todo lo que él hizo con el sostenido propósito de cancelar la lógica fatal de 1936. De un modo o de otro, todos los demócratas estamos en deuda con él, por  su abnegación y por su lucidez. 
     Y también quiero tener un recuerdo para su definición política de madurez. Él se definía como “neosocialista”, es decir, como socialista liberal, no marxista, o como “socialdemócrata”. Y es que no había renunciado a la meta última de la revolución: la sociedad sin clases.  Ya de vuelta de cualquier veleidad mesiánica, era una meta a alcanzar por vía democrática, como resultado de un  esfuerzo colectivo. Es lo que me enseñó.
    Ya sé que mis contemporáneos, al oír que era un “socialdemócrata”, lo imaginarán de la hechura de un Schröder, de un Blair o de un Rodríguez Zapatero. Y no. Era de otra madera, dicho sea sin ánimo de ofender a nadie. No era lo que se entiende por un iluso, pero de acomodaticio no tenía un pelo. Ridruejo quería “socializar la riqueza”, como me dijo reiteradamente, saliendo al paso de mis dudas e inquietudes. Primero, la democratización, y luego a trabajar con ese deseo entre pecho y espalda.  
   En su representación del futuro próximo, se veía en el centro-izquierda, entre un PSOE todavía marxista y una democracia cristiana de amplia base. Le parecía de vital importancia situarse entre ambas fuerzas, con la idea de impedir que izquierda y derecha chocasen como ciegas placas tectónicas.
    Como todo el sistema se ha desplazado espectacularmente hacia la derecha, hoy le veríamos a la izquierda…   No sé qué nos diría, pero creo que  sus lecciones políticas y vitales merecen un buen repaso precisamente ahora, cuando nos toca unir voluntades diversas con el superior objetivo de poner fin a la dictadura neoliberal, aparentemente tan imbatible como lo fue el franquismo en su tiempo.

martes, 9 de octubre de 2012

HACIA UN FRENTE AMPLIO CONTRA LA BESTIA NEOLIBERAL


  La situación no puede ser más grave, ni de peor pronóstico. Gestionada a favor de una oligarquía transnacional, la llamada “crisis económica” se ha convertido ya en una crisis política en toda la regla. De seguir las cosas así, pronto no quedará nada de ese bien precioso llamado legitimidad democrática. La gente se siente atropellada y arteramente estafada. La “convenida decadencia” de nuestra clase política no es una boutade del juez Perdaz; es una triste realidad.
    Asistimos al ignominioso final del “bipartidismo imperfecto” que rigió los destinos del país desde la Transición. El PP y el PSOE han cavado una fosa decididos a compartirla. Su habituación al poder y su estricta adecuación a los intereses oligárquicos dejan poco margen a la esperanza de que vayan a ser capaces de regenerarse sobre la marcha.
   ¿Qué cabe esperar de dos partidos capaces de prostituir la Constitución con nocturnidad y alevosía para darle el gusto a unos rufianes? Ambos dos nos han metido en este camino de perdición, y ambos han tenido su parte en la conversión del proyecto europeo en una estación de servicio para las oligarquías locales y transnacionales. No dudo de que en ambos partidos hay gentes de bien, pero dudo de que sean capaces de rectificar la deriva insensata: llevamos no sé cuánto tiempo esperando que esas personas hagan valer, a gritos si es preciso, en Ferraz y en Génova, pero también en Bruselas, los principios que dieron su razón de ser a sus respectivos partidos.
    Tal y como están las cosas, creo que el porvenir de nuestra democracia depende del buen hacer de los partidos pequeños. Y esto cuando la gente está realmente harta de los políticos, cuando se oyen discursos antipolíticos que no habrían desentonado durante la agonía de la República de Weimar. Ya están pagando justos por pecadores y mucha gente da por sobreentendido que todos los partidos son igualmente nefastos (una manera posmoderna de darle la razón al mismísimo Franco).
    Para salvar nuestra democracia, esos partidos pequeños tendrán que dar el do de pecho en circunstancias sumamente adversas, sin altavoces mediáticos, bloqueados por una ley electoral impresentable, con todas las fuerzas de la oligarquía en su contra. ¿Y cree alguien que podrán llegar lejos compitiendo entre sí?  
     Nuestra  democracia necesita es una alternativa clara, a la que no se llega simplemente criticando los hechos del gobierno, ni tampoco haciendo gestos de inteligencia a las personas que se manifiestan en nuestras calles y plazas. Bien están esas críticas y estos gestos, pero hace falta más.  En primer lugar, algunos principios seriamente meditados, en segundo lugar, un renovado sentido de la unidad. Si a la hora de la verdad el votante crítico o rebelde se va a quedar dudando entre Izquierda Anticapitalista, Equo, Los Verdes, Izquierda Unida, Izquierda Abierta y Unión, Progreso y Democracia, quizá para recaer en el llamado voto útil o para quedarse en casa, mal asunto. ¡Una vez más se le habría hecho el juego a a la perversión que padecemos!
    La situación es tan grave que, viendo venir un serio problema de gobernabilidad, elementos favorables a la continuidad del presente estado de cosas han hecho un llamamiento a favor de un “gobierno de concentración”, con “acuerdos de Estado” entre el PP y el PSOE.  ¡A ver si entre los dos nos imponen, a costa de la democracia, los dictados antisociales que rechazamos de plano! Urge, por lo tanto, que lo que ya cabe definir como oposición a dicho estado de cosas –como oposición a la Bestia neoliberal–, de los pasos necesarios para constituir un Frente Amplio, en el que puedan tener cabida los elementos más dispares, incluidos los procedentes del naufragio de los partidos hegemónicos.  
    Esta propuesta puede asustar a quienes tengan un mal recuerdo del Frente Popular, pero más nos debería asustar que la Bestia siga a su bola sin topar con ninguna barrera digna de tal nombre. Y lo primero es constituir una plataforma de convergencia, capaz de refinar un programa común de actuación, capaz de poner en limpio las ideas y los acuerdos, en la que los representantes del 15M y de otras fuerzas sociales deberían participar por derecho propio.
     La alternativa debe quedar explícita, explícitos y bien razonados sus objetivos, claro el entendimiento  de las distintas fuerzas, o no será creíble y la ola antipolítica seguirá su curso hasta convertirse en un tsunami. Clara la alternativa y clara la unión de quienes se oponen a  la Bestia, la sensación de que no estamos representados en la arena política desaparecería en poco tiempo, iniciándose la cura de nuestra democracia.
    Naturalmente,  para dar vida a un Frente Amplio hay adaptar tales o cuales principios partidistas,  hay que renunciar a tales o cuales parcelas de poder en el seno de los grupos participantes. Ahora bien, si las cominerías particulares y las ansias de dominio de unos sobre otros se impusieran, haciendo imposibles los acuerdos, se estaría dando la razón a los cultores de la antipolítica y ofreciendo un feo aval a los que dicen que todos los políticos son iguales.
   Aquí y ahora de lo que se trata es de poner fin a la galopada de la Bestia neoliberal, y esto sólo será posible si se actúa de común acuerdo, con los medios y las personas disponibles. En el pasado, fue posible, mediante la unidad de fuerzas muy diversas, al parecer incompatibles, y por una racionalidad común, debidamente conquistada, poner fin a la dictadura franquista. Esta cayó porque la gente se movilizó, con una impresionante sucesión de huelgas, y porque los liberales, los democristianos, los socialistas (todavía marxistas), los socialdemócratas, los comunistas y hasta gentes que formaban parte de la élite franquista lograron entenderse y actuar unánime e inequívocamente contra el orden de cosas imperante. Esto quiere decir que, cuando se visualiza un fin superior, la unión es posible  e históricamente efectiva. O acabamos con la Bestia neoliberal entre todos, o ella acabará con nosotros y con nuestros hijos. 

viernes, 5 de octubre de 2012

GRACIAS, SEÑOR PEDRAZ



   Pese a quien pese, el juez Pedraz ha hecho muy bien en mantenerse firme ante la infame pretensión de castigar cual si fueran grandísimos terroristas a unas víctimas del brazo represor del Estado escogidas más o menos al azar.
    Y desde luego, ha hecho muy bien al recoger en su auto la evidencia de que nuestra clase política se encuentra en sus horas bajas. Le han llamado “pijo”, “ácrata” y hasta “indecente”, lo que nos da una idea de lo que pasa en este país cuando alguien contempla la realidad con los ojos bien abiertos, cuando alguien se niega a participar en el juego de prestidigitación en que se ha convertido el ejercicio del poder.
   El juez insultado le ha hecho un favor a la democracia, pues ha ofrecido amparo a quienes están hartos de que esta sea utilizada en perjuicio del bien común.  La ceguera y la prepotencia de sus detractores merecía este saludable correctivo.
   Pero este ha sido sólo un capítulo de una historia que va para largo. No se ha modificado en vano el código penal y no cabe pasar por alto los tremendos delitos que, de haber podido, les hubieran endosado a los detenidos, en parte como aviso para navegantes.
   En todas partes y en todo tiempo, las medidas contrarias al bien común se han visto acompañadas por crecientes dosis de brutalidad. Y es evidente que los máximos dirigentes europeos y españoles, simples lacayos del gran capital, cabalgan en solitario,  en plan mafioso, creídos de que con la propaganda y con las porras van lo que se dice sobrados. ¡Qué insensatos! Convencido estoy de que necesitamos muchos Pedraz, aquí y en Bruselas.

VARGAS LLOSA ELOGIA A ESPERANZA AGUIRRE


  “Esa Juana de Arco liberal” se titula el artículo publicado por Vagas Llosa en El País (23-9-2012), un elogioso texto dedicado a Esperanza Aguirre con motivo de su “despedida”. El ilustre escritor y  la llamada “lideresa” son amigos, desde hace tiempo, y él está convencido de que ella, de haber estado al frente de la nave, nos hubiera ahorrado el presente naufragio…
     Por lo visto, Vargas Llosa vio en ella una “Juana de Arco liberal” allá por el año 1984, cuando la conoció. El emotivo desbordamiento, de agradable sonoridad para la interesada y para sus muchos admiradores,  requiere algunos comentarios.
     En primer lugar, no veo heroísmo por ninguna parte. Simplemente, Esperanza Aguirre estaba en la onda de los intereses ideológicos del poder. El FMI y el Banco Mundial se encontraban en manos de los doctrinarios de su escuela desde 1980. Eran los años de Reagan y de la señora Thatcher, los años de la famosa “revolución conservadora”, del “capitalismo popular”, de la “sociedad de propietarios” y de otras milongas por el estilo. Simplemente, Esperanza Aguirre estaba en la onda, como el profesor Pedro Schwartz, su primer jefe de filas político. Cierto es que otros, como Boyer, Solchaga o Rato, que andaban en lo mismo, eran más comedidos, dato que no añade méritos especiales a Esperanza Aguirre, por aquel entonces con menos responsabilidades.
    En segundo lugar, la comparación con Juana de Arco me parece muy chapucera.  La heroína francesa era una campesina que oía voces de lo alto y que estaba dispuesta a dar la vida por la liberación de su patria…  No sé reconstruir la asociación de ideas que puede llevar a compararla con una condesa que sólo atiende a la voz del poder terrenal y que cultiva una  doctrina que, lejos de servir a su patria, sólo puede servir para venderla al mejor postor, como ya todos podemos considerar demostrado.
     Y en tercer lugar, como cabe la posibilidad de que Esperanza Aguirre se haya retirado para no verse inmersa en el lodazal y para darse la oportunidad de reaparecer mañana con aires de salvadora, en plan “Juana de Arco”, no puedo hacer la vista gorda ante la contribución de Vargas Llosa a un equívoco sumamente peligroso que afecta la representación que la gente se hace de el liberalismo.
    Vargas Llosa no falta a la verdad cuando dice que Esperanza Aguirre es una “liberal”. Porque lo es. Ahora bien,  no nos engañemos, hablando con propiedad, es una neoliberal El neoliberalismo es una variante del liberalismo, y considero muy poco juicioso en términos políticos e históricos, por no decir malicioso, confundir esa variante específica con el todo del que forma parte.  Esperanza Aguirre es una superviente no actualizada de la era Reagan-Thatcher, es decir, una liberal en el sentido de Friedman y de Hayek,  no en el sentido de Keynes o Bedveridge.  
   Y estamos hablando después de Enron, después del  la estafa de Lehman Brothers, ya metidos hasta el cuello en las espantosas consecuencias mundiales de la “revolución conservadora” capitaneada ideológicamente por Friedman.  Si se le concede a la señora Aguirre la representación del liberalismo, este corre peligro de ser odiado y rechazado por sus millones de víctimas.
   La señora Aguirre se ha reputado neoliberal sin ningún remilgo. Está orgullosa de serlo y no he visto en ella el menor signo de autocrítica. Pero he aquí que la definición de “liberal” tiene segundas intenciones. Ya sé que Vargas Llosa afirma –se lo he oído de viva voz–, que el neoliberalismo no existe. A cierto nivel,  viste más decir que uno es liberal a decir que es neoliberal... Pero hay gato encerrado.
     La poderosa mercadotecnia neoliberal, a la que ostensiblemente contribuye Vargas Llosa, está a punto de conseguir que el liberalismo, todo él, se reduzca a la versión encarnada por personas como Esperanza Aguirre,  personas capaces de defender el capitalismo salvaje, de ponerle una alfombra roja al señor Adelson, y de apoyar que se proscriba el aborto en casos de malformación fetal, todo en uno y desde la absoluta y antiliberal convicción de tener toda la razón, tanta razón que hasta se puede tratar de tontainas, con aires de superioridad –con una intolerancia que causa rubor–, a cualquiera que no haya hecho suyo el catecismo neoliberal de Milton Friedman y de su discípulo Schwartz.
    El problema es que mucha gente empieza ceder a la presión de la mercadotecnia neoliberal. Es como si el neoliberalismo hubiera conseguido hacerse con el monopolio del liberalismo, hasta el punto de que esta palabra empieza a tener un sonido aborrecible, a juzgar por los resultados.  Esto podría ser desastroso. La ceremonia de la confusión ha sido llevada demasiado lejos, y mucha gente, víctima de la ignorancia y de voces sofísticas, como la que acaba de regalarnos Vargas Llosa, ya está en situación de arrojar por la borda todo el liberalismo y de recaer consecuentemente en el absolutismo, como si viviéramos en los tiempos de Marx, de Lenin, de Hitler o de Franco, los cuatro asqueados ante lo que se entiende por capitalismo salvaje. Estamos ante un caso de apropiación indebida del liberalismo por una de sus facciones. Como liberal en el sentido filosófico y político del término, me veo en la necesidad de denunciar este odioso fenómeno.

domingo, 9 de septiembre de 2012

MONTI Y VAN ROMPUY CONTRA EL “POPULISMO”


     A la salida de foro Ambrosetti, celebrado en la ciudad italiana de Cernobbio, Monti y Van Rompuy se han mostrado decididos a emprender una campaña de altos vuelos contra “el populismo”, entendido como un peligro para la Europa que ellos nos quieren imponer.
    Como es sabido, apelar a los peligros del “populismo” está de moda en los cenáculos neoliberales. No hace mucho José María Aznar realizó una campaña contra el populismo en tierras de Hispanoamérica, sin pensar ni poco ni mucho en que su partido por algo se llama “popular”.  Esa campaña figuraba, desde luego, en el guión neoliberal, ahora recuperado por el foro Ambrosetti con la vista puesta en la desventurada Europa. Se sobreentiende que populista es Hugo Chávez, y que es algo horrible, irracional, con una incomprensible pulsión nacionalista.  Monti y Van Rompuy se quieren curar en salud. 
     Una de dos: o no entienden la oposición de los europeos a la operación destructiva que ellos se traen entre manos, o la entienden pero han optado por desacreditarla por el procedimiento de escupirle encima la palabra “populista”. En el primer caso, estarían fuera de la realidad y en el segundo serían unos malvados. 
    Lo único claro es que la clase dirigente europea va a su bola, pendiente de sus patrocinadores y de espaldas a la gente. De ahí que no se haya oído un solo mea culpa procedente de las altas esferas, de ahí que no se haya hecho el más mínimo gesto de querer dialogar, de ahí la manera dictatorial de la que hacen gala sistemáticamente los máximos dirigentes europeos. Que nuestra Europa nada tiene que ver con su Europa elitista es obvio, por lo que su campaña antipopulista será digna de verse. Imagino a sus expertos en mercadotecnia tratando de vendernos su modelo oligárquico y no sé si reír o llorar. Es muy difícil que el populismo se cargue a Europa, por no decir imposible: ya se la han cargado ellos.
      

martes, 24 de julio de 2012

RUIZ-GALLARDÓN Y EL ABORTO: SALTAN LAS ALARMAS



   El ministro  de Justicia nos ha hecho saber que considera “éticamente inadmisible” el aborto en casos de malformación fetal…  De modo que la reforma de la ley vigente será retrógrada en grado increíble. Tuve leer tres veces la noticia para dar crédito a lo que veían mis ojos.
    Lo que nos pone ante una evidencia alarmante: el partido por él representado sigue sin haber asumido el abecé del liberalismo. Como suena. Porque sólo ha asumido el liberalismo en el plano económico, en su versión más cruda además, eludiéndolo en el plano filosófico y político.  Se trata de un fenómeno intelectualmente aberrante.
    ¡Como si en este país no supiésemos adónde nos pueden llevar los intolerantes y los fanáticos, como si no supiéramos que no hay democracia posible allí donde mandan personas que se creen en posesión de la verdad, al modo de Ruiz-Gallardón, que ni siquiera necesita considerar la opinión de las personas afectadas!
    El PP fue configurado por Fraga como partido liberal-conservador, como partido de centro-derecha, y he aquí que no es ni lo uno ni lo otro, en el sentido de que es un partido absolutista, capaz de ceder a la tentación de imponerle al conjunto de la sociedad una doctrina de origen antiliberal, una doctrina religiosa, católica para ser exactos. Es pura y simplemente un partido de derechas, en el sentido ancestral del término.
   De modo que nuestra derecha, que incluso ha presumido de centrismo con fines electorales, sigue donde estaba, o peor, porque estamos en el siglo XXI. ¡Y qué vieja es esta historia! La misma mentalidad que se opuso al uso del éter para suavizar los dolores del parto nos viene ahora con la obligación de parir criaturas malformadas según el capricho del legislador. Creía que habíamos progresado y resulta que no.
   Ruiz-Gallardón, supuesto ilustrado, supuesto centrista, supuesto progresista, da repentinamente la cara como lo que es, siendo rápidamente apoyado por el señor Fiorano y la señora Aguirre. Es una noticia alarmante, cuya trascendencia me produce escalofríos.
    Y como no hemos progresado, hemos empeorado. Aznar tuvo el buen tino de no meterse con la ley del aborto que se encontró, sin duda consciente de lo que se jugaba, sin duda consciente de que, para ganar, el PP tenía que comportarse como un partido atrápalo todo y no como un partido doctrinario en ese y en otros temas. La apuesta retrógrada de Ruiz-Gallardón indica que ese buen tino se ha perdido. Por lo visto (yo no lo hubiera creído) está más cerca del Tea Party que de cualquier liberal-conservador europeo. Y esto promete confrontaciones y desgracias. 

lunes, 23 de julio de 2012

COLAPSO ECONÓMICO Y RESPONSABILIDADES POLÍTICAS


    Ahora resulta que las arcas del Estado están vacías y que lo único que se puede hacer es implorar ayuda al BCE...  ¡A qué gentes inteligentísimas hemos fiado nuestro destino! ¡Qué habilidosos tecnócratas, qué gurús! ¡Qué sapientísimos economistas!
   Así es como termina una época, la época iniciada con la Transición. No sabemos lo que nos espera, porque este final es ignominioso y caótico, y porque el contexto internacional, a diferencia de lo ocurrido en los años setenta, no nos va a dar facilidades. Se ha impuesto la ley de la jungla y la presente crisis es una máquina de destruir sistemas políticos y de revivir viejos fantasmas. Lo único seguro es que nuestros dos partidos hegemónicos se han cavado ellos solitos su propia fosa.
    El PP le echa toda la culpa al PSOE, a la herencia recibida, sin percatarse de que cada vez hay menos gente despistada en disposición de contentarse con tan burdo mensaje.  No nos engañemos: lo ocurrido representa un golpe durísimo contra la credulidad de los votantes de ambos partidos, y por ello contra el modelo bipartidista imperfecto en que hemos vivido hasta la fecha. Lo de “ni PSOE ni PP” que se ha oído en nuestras calles lo dice todo. La indecente e imbécil reforma constitucional que ambos pactaron a nuestras espaldas para darle el gusto a los mercados los ha dejado retratados para la historia. Aparte de que hay una perfecta continuidad entre la "cultura del pelotazo" y las indecencias de la Comunidad Valenciana y de Bankia. Como todo el mundo sabe.
    ¿Qué hizo Rajoy durante los ocho años de gobierno de Zapatero? Continuar la campaña electoral, sacando todos los temas de quicio. Los cuatro años consagrados a proyectar sobre Zapatero una morbosa sospecha en relación a la autoría del salvaje atentado de Madrid (para encubrir de paso las consecuencias más obvias de la foto de las Azores),  se vieron seguidos por otros cuatro dedicados a echarle la culpa de la crisis económica, con la consiguiente obnubilación de las conciencias. No sé de nadie que, oídos los dicterios del PP, haya refinado su puntos de vista; en cambio, conozco a muchas personas que por tomárselos en serio durante tanto tiempo presentan claros síntomas de intoxicación y serios problemas cognitivos, empezando por la confusión entre la situación de 1996 y la del 2007 y siguiendo por la genialidad de Rato, hoy puesta en su sitio por el escándalo Bankia.
   El PP se desentendió de sus obligaciones como primer partido de la oposición.  Sólo puso interés ganar las próximas elecciones, al precio que fuese. El sistema político, la democracia, la herencia de la Transición, todo esto fue sacrificado a mayor gloria de un manualillo de mercadotecnia política. Y hasta fingió ser de centro y nos ofreció un programa electoral para ganar esas elecciones, a sabiendas de que era de imposible cumplimiento. Y las ganó, claro, para quedar en evidencia a continuación, cuando todos los problemas de verdad le pillaron de nuevas, sin otra hoja de ruta que el manualillo neoliberal, como si todavía viviéramos en los tiempos de la Thatcher. Por lo tanto, el PP no tiene autoridad moral alguna para echarle la culpa de todo al PSOE. Nos hizo perder el tiempo, confundió todos los problemas, dio lugar a una campaña de confrontación cuyos malignos efectos nos alcanzan ahora de pleno, en el peor momento.
   Y eso no es todo, porque es obligatorio recordar que durante años el PP participó con entusiasmo y dedicación en el  sucio y antidemocrático tejemaneje neoliberal que puso a Europa en manos de los tiburones. El mecanismo que ahora nos hunde en la miseria fue, en efecto, un asunto del Partido Popular Europeo y no algo caído del cielo  o salido de los infiernos. Durao Barroso y Angela Merckel son los estupendos correligionarios de Mariano Rajoy. La Europa  de los tiburones no se formó en un día, es cosa muy bien pensada. ¿O por qué creemos que se llega a esta situación en ausencia de una carta social europea digna de tal nombre?
    En realidad aquí lo único que no está claro es la proporción de falta de luces y de desprecio por el bien común que  llevó a hacer oídos sordos a las voces de alarma y a optar por la huida hacia adelante. Lo cierto es que nuestro “bipartidismo imperfecto” ha naufragado. Y esto quiere decir que del buen hacer del resto de los partidos depende la salvación de nuestra democracia, un salvamento que tendrán que hacer en condiciones francamente difíciles, con una ley electoral que todavía sigue allí…  
    En la nueva fase histórica en que nos vemos metidos por culpa del tándem PSOE-PP habrá poco lugar para los equívocos y los sofismas habituales. O con la Bestia neoliberal o contra ella. El PSOE verá lo que hace con su complicidad con dicha Bestia, y el PP tendrá ocasión de comprobar una verdad: no por adorarla dejará de ser devorado por ella. 

viernes, 20 de julio de 2012

EL MINISTRO MONTORO COMO SÍNTOMA


   El señor Montoro no es ni mucho menos un ejemplar raro. En su persona se manifiesta el modo de ser que lleva camino de arruinarnos los mejores frutos de la Transición.
   Como buen halcón neoliberal, Montoro  dispone de un abundante arsenal de truquillos de mercadotecnia (la culpa de todo, la herencia recibida, Zapatero, etc.) , de  eufemismos irritantes (no es que arrebate la paga extra a los funcionarios, es que se la “detrae”)  y de una seguridad en sí mismo francamente incomprensible (llegó a decir que deseaba la caída de España, en la seguridad de que el PP la salvaría). 
    Creerse superior a todos, no dudar nunca de la propia fe, dejarse llevar por el oportunismo y por la voluntad de poder, he aquí rasgos que explican lo que nos está pasando y, de paso, el ejercicio de irracionalidad e imprevisión a que se entregó el PP durante los ocho años que estuvo en la oposición. 
   Todos esos rasgos están en el señor Montoro, portador también de una serie de tics intelectualoides que operan al margen de la verdad y de la realidad, como es típico en esta secta.  Empezando por el tic de culpar a las víctimas (como hizo Rajoy al ponderar los saludables efectos que sobre los parados tendrá el hachazo a las ayudas que reciben).  Tras ello opera el darwinismo social más extremo, como todo el mundo sabe. 
    Los neoliberales llevan no menos de treinta años metidos en una cruzada contra “los holgazanes”,  y han acabado por verlos por todas partes, aunque nunca –tiene gracia– en su propio campo, donde están los más peligrosos. En este punto, ni Rajoy ni Montoro  son originales u ocurrentes. Repiten mecánicamente los lugares comunes de los publicistas de ciertos think-tanks norteamericanos. Por lo tanto, no es extraño sino lógico que el ministro haya cometido el garrafal error político de irritar a los funcionarios con la insinuación de que trabajan poco y anunciando que tendrán que trabajar más pero por menos, como si en definitiva  nunca se hubiesen ganado el jornal.
   Parte el ministro del conocido principio neoliberal según el cual  los funcionarios deben equipararse a los trabajadores del sector privado, con la correspondiente laminación de sus derechos (muy conveniente para agilizar la laminación de los derechos de los demás, no sea que sigan tomándose como referencia).
    En realidad, al señor Montoro le molestan los funcionarios públicos, como a todos los fanáticos del Estado Mínimo (esto es, pequeño pero suficiente para servir a los intereses oligárquicos).  Y es que  los funcionarios se encuentran, tremendo obstáculo, en el camino de la hoja de ruta privatizadora que  los neoliberales se trazaron no ayer sino hace treinta años con el exclusivo propósito de apoderarse de los bienes creados con el sudor de varias generaciones. 
    Esta mañana, el señor Montoro dejó traslucir sus intenciones: “Lo que hacemos no responde a decisiones improvisadas. Estamos reestructurando el sector público". No habla por hablar. Lo que pasa es que lo que suena bien en las tenidas neoliberales  o en el despacho del señor Rosell suena fatal dicho en público. Ya todo el mundo ha captado adónde se apunta con ese tipo de jerga.
    Montoro  acaba de revelar que las arcas del  Estado están vacías y que peligran las nóminas de los funcionarios. ¡Nada menos! ¿Significa esto que admite el absoluto fracaso de las demenciales políticas neoliberales que nos han llevado a la ruina, a esta formidable traición a los españoles, a esta estafa colosal? ¿Significa que se arrepiente de las bajadas de impuestos a los ricos? ¿Significa que entona un mea culpa por la pirámide de Ponzi? ¡Pues no! Y esto es también típico. La solución: más laissez-faire, venta al mejor postor de tierras y personas. Eso sí, es un poco patético que el señor Montoro no haya reparado en que la ley de la jungla en que tan ciegamente cree, que tan seriamente nos aplica, se la están aplicando a él y a España los tiburones de por ahí fuera. Ya se sabe, devorar o ser devorado, a ser posible con una sonrisa.

miércoles, 18 de julio de 2012

EL ALCANCE DE LAS PROTESTAS


    El ministro Soria no ha cedido ni un milímetro ante las protestas de los mineros, protestas realmente serias y justificadas. Es más, aparte de decirles que no hay dinero para hacer honor a los compromisos que el Estado contrajo con ellos, los amenazó con nuevos recortes.
    La señora Cifuentes lleva contabilizadas 1.400 manifestaciones de protesta desde enero, sólo en Madrid… Ahora se manifiestan los funcionarios, los parados, los directamente afectados por los recortes y aquellos a los que nada se les puede recortar, y también las víctimas directas de las tropelías bancarias que son de público conocimiento. El número de indignados de todas las edades y condiciones es impresionante y creciente, incluyendo hasta a los militares, sin que el gobierno sepa hacer otra cosa que apelar a la policía, asimismo afectada por los recortes. Planteadas así las cosas, indignadas millones de personas, muchas de ellas sin salir de casa, incapaz el gobierno de calmar los ánimos por estar metido ya en una espiral de recortes y manipulaciones de corte neoliberal, incapaz de hablar, por no tener nada que decir salvo echarle la culpa a Zapatero, la situación no puede ser más grave e imprevisible.
     Ya no bastan los pequeños gestos para la galería, como reducción a deshora de los ingresos anuales del Rey, del príncipe o de los señores ministros, por cuanto aquí el problema es que hay demasiada gente con el agua al cuello a la que más le irrita saber lo que ganan con recorte o sin él.  Ya no bastan las llamadas repentinas a la solidaridad, e incluso a la generosidad de los empresarios. Suenan todas a hueco. Tampoco va a bastar lo que acaba de saberse, también a destiempo no se sabe si por torpeza o por astucia: los funcionarios que ganen menos 962 euros mensuales recibirán la paga de Navidad. Aunque sea de agradecer, no es como para echar las campanas al vuelo, pues lo que parece todo un gesto se queda en un gestito: sólo el 0,57 por ciento de los funcionarios se beneficiará… El gobierno habla de 15.000 beneficiarios de la excepción, pero, como suele ocurrir, lo que suena bien lleva algún doblez. Hechos los cálculos, un representante del CSIF ha calculado que los afortunados no pasarán de mil (en un colectivo de 2.600.000 personas).  Hay, en definitiva, indignación para rato, mientras se ve venir una sucesión de hachazos y escándalos que la llevarán no se sabe adónde.
     Hemos ido a parar a un estado de anormalidad.  He aquí, pienso, las dramáticas consecuencias del déficit democrático (ahora se gobierna por decreto y la Moncloa lleva camino de parecerse a El Pardo) y de la insensata dilapidación de ese bien precioso llamado legitimidad. ¿Qué pasará? Nadie lo sabe, pero tengo la impresión de que asistimos al final de una época y de que los historiadores del mañana trazarán una línea justamente por aquí, para separar el período que siguió a la Transición de lo que viene ahora.
    Si el gobierno del PP, con su mayoría absoluta, se empeña imponernos su trasnochado y funesto modelo de sociedad neoliberal-neocón, sea por gusto, por rendir pleitesía a los magos de Bruselas, por no tener otra cosa en la cabeza, por no poder resistir la tentación que le ofrece esta crisis o por no haberse percatado de que la gente, vista la propia experiencia y la de otros países, lo aborrece, nos veo entrando en una fase histórica de lo más accidentada. Porque ese modelo importado sólo se puede imponer en nuestro país  por las malas, por las muy malas.

viernes, 13 de julio de 2012

LOS HACHAZOS DE RAJOY

   Ha sido muy feo  que los diputados del PP aplaudieran este alevoso ataque contra la línea de flotación de millones de ciudadanos, un ataque que se suma a los ya realizados, y que preludia otros muchos. Estamos, pura y simplemente, ante una socialización de las pérdidas, una especie de mal hábito de la Bestia neoliberal.  Todo ello acompañado por una sucesión de sofismas y embustes que es de pésimo gusto aplaudir.
    Y ha sido vomitivo que la diputada del PP Andrea Fabra gritase, con entusiasmo y desprecio, “¡que se jodan!”, cuando el presidente anunció el hachazo a la asistencia a los parados (http://www.elplural.com/2012/07/12/que-se-jodan-el-grito-de-una-diputada-del-pp-cuando-rajoy-anuncio-el-recorte-del-desempleo/). E ilustrativo, porque su grito deja al descubierto una forma de ser  francamente repulsiva, ya expresada hace treinta años por el profesor Schwartz con la exclamación “¡que se mueran de una vez!”, bien que referida no sólo a los parados sino a los obreros en general. Neoliberalismo en estado puro, con el alma descubierto, más propia de un saurio que de un ser humano. La explicación del propio Rajoy sobre que los recortes servirán de incentivo para que los parados busquen trabajo es un lugar común, algo mil veces oído en los ambientes neoliberales, muy dados a repetir el mismo mensaje hasta el aburrimiento, en plan doctrinario. No es de recibo.
   ¿Acaso Rajoy ha estado muy valiente y el PP imbuido de un grave sentido de la responsabilidad? No, en absoluto, por mucho que aplaudan los señores diputados y aunque lleguen parabienes desde Bruselas.  Ensañarse con la parte más débil de la población no es de valientes ni de personas responsables. Y menos cuando se juega desvergonzadamente a favor de una oligarquía cleptocrática dispuesta a salirse con la suya, a irse de rositas, y a seguir medrando a costa del esfuerzo colectivo.
    Hasta suena como una provocación que se hable de “ahorrar” 65.000 millones de euros, cuando se trata simplemente de tapar agujeros a mayor gloria de una pirámide de Ponzi en fase de derrumbe.
    Empezaremos a hablar de valentía y de responsabilidad cuando el gobierno se enfrente a la Bestia neoliberal, cuando meta en cintura a los oligarcas de dentro y de la cara por nosotros ante los oligarcas de fuera, cuando acabe con las Sicav, cuando deje a la gente en paz y obligue a tributar seriamente a los tiburones, cuando meta las tijeras en los fondos destinados a armamentos que no necesitamos, cuando transfiera a los creyentes el sostenimiento de la Iglesia, etc.
    ¿Qué es lo que revelan estos recortes y las pseudojustificaciones y el horrible grito de la señora Fabra? La instalación entre nosotros del darwinismo social, capaz de embotar la conciencia hasta el punto de que no hay ningún problema en recortar las prestaciones a los parados y a quienes ya no pueden valerse por sí mismos... mientras se mantiene en la gloria a los muy ricos, a fuerza de increíbles "préstamos".  Se ha volatilizado el sentido de la justicia, juntamente con el sentido de la solidaridad. Ya sabemos cuál es el mandamiento único del darwinismo social. Sofismas aparte, hablando claro, dice así: “El pez grande se debe comer al mas chico”. ¡Es tan natural! Pero no deja de ser curioso que nos lo imponga un partido que se reputa cristiano, defensor de “los valores”…
    ¿Y lo de quitarle la paga de Navidad a los empleados públicos? Dicha paga la estableció el falangista José Antonio Girón, de modo que, ¿por qué seguir pagando algo tan anacrónico? Unos meses más, y el PP, en plan nada conservador, terminará de cargarse el modesto Estado social heredado del franquismo.
      Es práctica común de los neoliberales  arrojar montañas de basura sobre la función pública y faltarle al respeto al funcionario, supuesto holgazán (casi tanto como el parado) y atizar contra él los malos sentimientos de quienes viven en la mayor inseguridad. Siempre con la idea de moverle el suelo, de llevarle a una situación límite, lo que entra dentro de los preparativos tácticos para la privatización de los servicios. Ahora será despojado de su paga navideña (esto a sabiendas de que para muchas familias es imprescindible para mantenerse a flote). Lo que prepara el camino para arrebatársela al resto de los trabajadores.
    Mal asunto cuando un gobierno trata con desconsideración a sus funcionarios, sean profesores, médicos, policías, asistentes sociales  o soldados. Y malísimo cuando lo hace para mejor servir a los señores del dinero. Y en nuestro país, dadas sus particularidades, un asunto pésimo.
   Como si viviéramos en Las Vegas, al PP sigue terne en su cruzada neoliberal contra el Estado, con la vista puesta en transformarlo en un Estado mínimo o directamente hueco. No hay otro misterio. Me refiero, claro es, a un Estado incapaz de proteger a sus ciudadanos, pero sí muy capaz de exprimirlos según convenga a las oligarquías locales y de más allá. 

martes, 10 de julio de 2012

CON LOS MINEROS ASTURIANOS, AL 100%


    Llega a Madrid la Marcha Negra de los mineros del carbón.  La arrogancia del gobierno, incapaz de dialogar, incapaz de hacerse cargo de las justas razones de quienes se están manifestado estos días en las cuencas mineras, revela un modo de ser, ya imposible de disimular,  y promete calamidades para todos, mineros y no mineros.
    En lugar de hacerse seguir hasta la catedral de Santiago de Compostela para que el mundo entero le viese devolver el famoso códice sustraído, el presidente Rajoy debería haberse hecho seguir hasta las boca del Pozo Candín. ¿Pero qué les iba a decir a los mineros? Nada de nada. Este gobierno sólo sabe poner a la gente entre la espada y la pared, mientras repite su viejo mantra, su esto es lo que hay, la fórmula dictatorial por antonomasia.
   Si queremos averiguar lo que nos espera a todos, visto lo visto (incluidos los sucesos de Pola de Lena), haríamos bien en tomar nota de que este gobierno cree que todo se puede encubrir con sofismas, y de que confía su suerte a la eficacia del brazo represor del Estado, al que no duda en movilizar. Políticamente hablando, electroencefalograma plano.
    Precisamente el caso de la minería del carbón es de lo más ilustrativo. ¿Desde hace cuánto tiempo se sabe que tiene los días contados? ¡Desde hace años! ¿Y qué se ha hecho, pensando en el futuro de los mineros? Nada. Bueno, sí, algo: tomar a guasa lo acordado por el Estado, esto es, darles un hachazo aquí y ahora sin pensar en las consecuencias. Si el gobierno no cede  ante las justas demandas de los mineros, hará bien en considerarse acabado. Demasiado clara quedaría su esencial debilidad, tan clara como su sumisión  al servicio indecente de un puñado de oligarcas de dentro y de fuera.

sábado, 7 de julio de 2012

CRISIS GALOPANTE

   Ya estamos todos advertidos de que esto va a más, imparablemente. Las señales ominosas se multiplican. Si te dicen blanco, oyes negro. Si te dicen tanto, sabes que será el triple o más. Si te dicen que han tenido un éxito, te entran sudores fríos. Y es que te sabes en manos de un equipo de chantajistas y jugadores de ventaja, un equipo en el que, entre malvados y memos, hay juego más que suficiente para amargarte la vida  de aquí a la eternidad.
    Cada vez hay más gente que no puede leer el periódico o ver el telediario sin ponerse mal, sea por un acceso de ira, un acceso de miedo o de las dos cosas a la vez. ¿Interesa hablar de lo que está pasando? En parte sí, muchísimo, y en parte nada en absoluto, porque siempre es más de lo mismo, de la misma porquería. Es importante saber, desde luego, pero también lo es dormir y comer, no vaya a ser que uno se rompa antes de tiempo.
    Si empiezo a hablar del repago sanitario, de la prima de riesgo, de la miseria que gana una enfermera portuguesa, de las genialidades del Eurogrupo, de Rajoy tomando rápidamente la iniciativa para devolver el Códice con sus propias manos, de los planes del gobierno, de las trapisondas de Rato & Cía, del Barclays y demás conspiradores, etc., provoco en mi interlocutor, sólo en apariencia distraído, una efusión airada de datos complementarios, viéndome obligado a callar. Es evidente que mi interlocutor sabe mucho más que yo, a juzgar por su irritación, se diría que de tintes revolucionarios, trátese de un joven, de una ama de casa o de un jubilado.  Hasta me he sorprendido instando a tener un poco de serenidad a quien evidentemente ya se ha percatado de que la pasividad nos  ha conducido hasta este preciso lugar.
    Otras veces me topo con una especie de caparazón.  Mi interlocutor, viéndome venir, cambia bruscamente de tema, y no sabe cuánto se lo agradezco. Hay una tercera posibilidad, y es que me dejen hablar… Esto es malo. Porque si empiezo con cierta coherencia, con citas de Marx y de Naomi Klein, acabo presentando un cuadro de incontinencia verbal, con fuga de ideas y demás signos de perturbación gravísima.
     Hoy fui al banco, y ha desaparecido. No sé a qué hora de la noche se produjo la eliminación de esta sucursal recién reformada, allí presente desde hace tantísimos años, tan dada ayer mismo a mandarme cartas estimulantes y a hacerme por teléfono unas proposiciones incomprensibles y probablemente indecentes. En lugar del cajero automático hay una plancha de color verdoso  que lo dice todo.

lunes, 2 de julio de 2012

LA ESPAÑA DE VICENTE DEL BOSQUE

    Hace años Vicente del Bosque se tomaba su cafelito en la cafetería La Fuentona, donde ahora hay una silla con una plaquita en su honor. Yo le veía con cierta frecuencia, como parte amable del paisaje de este barrio. Recuerdo a un hombre grandón, nada pagado de sí mismo, con buenas vibraciones.
   ¿Y por qué fue apeado de su puesto de entrenador del Real Madrid? ¿Acaso no ganaba este equipo? Ah,  fue por una cuestión de “imagen”…  Por lo visto, hacía falta un tipo más resultón, un tipo arrogante, en la onda, fashion, etc. Y Del Bosque se tuvo que ir por la puerta de atrás con todos sus triunfos, por otra parte indiscutibles.
   Entonces nadie pensó que fuera a regresar por la puerta grande, de la forma más impresionante que quepa imaginar, sin haber cedido ni un milímetro, sin haber alterado su forma de ser, de entender la vida y el fútbol, sin cambiar de peluquero, sin perder su sonrisa algo escondida.
    ¿Y bien? Pienso que Del Bosque y sus jugadores, entre los que no he visto ningún Cristiano Ronaldo ni tales o cuales signos de vedettismo, han dado una lección de buen hacer futbolístico y humano sobre la que conviene reflexionar.  La cosa va más allá del fútbol. Porque si tenemos la España representada por Del Bosque y sus jugadores, también tenemos la de los Boyer, Solchaga, Rato, Solbes y De Guindos, la de los vendedores de humo, la de  las burbujas, la de los que van de listos y de engreídos. Que Del Bosque y los suyos nos representan mejor es cosa segura, y además ganan, a diferencia de éstos y sus equipos, unos completos inútiles.

sábado, 30 de junio de 2012

LA POLICÍA PENETRA EN LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA

  Vivimos tiempos muy feos.  Llamadas por el arzobispo, cardenal Rouco Varela, las fuerzas de seguridad del Estado irrumpieron en la catedral de la Almudena y procedieron a desalojar  un grupo de personas desahuciadas, allí reunidas en demanda de socorro, y a las personas de buena voluntad que las acompañaban, entre las que se encontraba el párroco de Entrevías.
    En plan solemne, se dijo esas personas en apuros estaban profanando un lugar sagrado. Mucho me temo que si alguien lo profanó fue la propia Iglesia, siendo especialmente horrible que haya instigado una acción policial en ese sentido. 
    No deja de ser de interés la justificación que un eclesiástico dio a la policía en el  lugar de los hechos: “Si ahora atendemos a estos, mañana tendremos aquí a muchos más”.  De modo que, como antes se decía: “Por la caridad entre la peste”.  Y en esas estamos, con algunos añadidos: había que identificar a esas personas, no fueran a haber robado algo...
    La Iglesia verá lo que hace, si sigue el ejemplo del cardenal Rouco o el ejemplo del párroco de Entrevías. Si  se piensa en los tiempos que se avecinan, la elección tendrá que ser forzosamente clara. O con los tiburones o con los desahuciados, con los mineros y con la gente. O con la Bestia neoliberal o contra ella.
     Tanto la Iglesia como la Corona se juegan el porvenir, como se lo juega el común de los mortales.  O con el pueblo, o con los asaltantes del pueblo. Ambas instituciones pueden hacer mucho por frenar la escalada de la Bestia, y así de paso redimirse de actuaciones pasadas que nadie ha olvidado. No es pedirles demasiado: sólo que estén a la altura del papel que, según ellas mismas, justifica su privilegiada existencia.
    No estamos ante una situación equívoca. Si la Iglesia no se enfrenta valientemente a la Bestia, haciendo uso de todos sus recursos,  los historiadores de mañana tendrán que alinear su capitulación ante la fiera con las capitulaciones morales ante Mussolini, Hitler y Franco. Aunque la hora pueda parecer menos grave desde el arzobispado,  es igualmente grave, vista  desde la calle.
    Claro que para estar a la altura del párroco de Entrevías, la Iglesia tendría que ser capaz de resistir una tentación realmente demoníaca.  Me refiero a la tentación de aprovechar los aspectos retrógrados que caracterizan al movimiento neoliberal, empeñado en usar la religión, en plan oscurantista, como parte de su programa de ingeniería social, esto es, como opio del pueblo. El uso abyecto de la religión viene en el lote de la desvalorización de los valores de la que tanto se ha hablado.  Hay gentes moralmente enfermas  que creen que mediante la mercadotecnia religiosa se puede poner remedio a esa desvalorización, pero espero que no se salgan con la suya.
      Y he aquí la gran pregunta, en definitiva: ¿Será capaz la Iglesia de plantarle cara la Bestia y de negarse a cualquier complicidad con el sucio intento de devolvernos a la parte peor de la Edad Media?  La respuesta la tendremos muy pronto.

lunes, 25 de junio de 2012

EL CONTUBERNIO DE MÚNICH (LECCIONES ACTUALIZADAS)


 Conmemoramos aquel “contubernio” de hace medio siglo, entendido como antecedente necesario de la Transición, lo que me invita a ir en busca de las enseñanzas de nuestros mayores.
     Como es sabido, el régimen del general Franco estaba empeñado en entrar en Europa, como antes había entrado en la ONU, propósito que se vio frustrado por la movilización general de la oposición, que se dio cita en el hotel Regina de Múnich bajo el patrocinio del Movimiento Europeo. 
    Personalidades diversas (republicanos, monárquicos, socialistas, socialdemócratas, liberales, democristianos) del interior y del exilio se unieron por encima de sus diferencias y rivalidades: sólo una España democrática podía tener cabida en Europa. El acuerdo, con el abrazo de Madariaga y de Gil-Robles, vino a simbolizar una formal ruptura con la lógica  fratricida de 1936. “¡Los de Múnich, a la horca!” se oyó en la plaza de Oriente.
    Creo que la fórmula magistral del Contubernio debe ser recuperada. Entonces el enemigo a batir era el régimen dictatorial del general Franco. Hoy el enemigo a batir es la Bestia neoliberal, la dictadura de los mercados o dictadura de los muy ricos.
    A los de Múnich, algunos de los cuales tuvieron que cruzar clandestinamente la frontera o utilizar un pasaporte falso, les llegó el momento de lucidez y de valor, y ya no pudieron ser frenados por el miedo. Por eso se atrevieron a rubricar, a cara descubierta, el acuerdo democratizador. Hay que aprender de ellos, tomando nota de que en la lista de los asistentes hubo muchos que, de haberlo querido, habrían podido medrar a satisfacción en las entretelas de ese régimen que, como la citada Bestia, tan bien sabía administrar los premios y los castigos.
    Lo más devastador para los intereses de Franco fue la variedad de las personas que habían desafiado su  poder. Ni eran sólo cuatro gatos ni eran todos comunistas. En el hotel Regina había gentes procedentes de su propio bando… indicación segura de que los tiempos habían cambiado, pues estas personas preferían entenderse con sus enemigos de ayer a seguir en las mismas.  Y es que  habían encontrado una base sentimental y racional para superar el drama de las dos Españas, lo que venía arruinarle el negocio y a ponerlos fuera de su control.
   Los de Múnich tuvieron el mérito de decir basta, tuvieron el mérito de unirse, de encontrar una causa común en la lucha contra la dictadura y en la promoción del ideal democrático. Y es que a veces hay que decir basta. No se llegó al cónclave de Múnich sin recorrer un camino, pero se recorrió.
    Y yo tengo por seguro que ya somos muchos los que sabemos que  es una inmoralidad y una locura seguir riéndole las gracias a la Bestia neoliberal. Que esta se empeñará en seguir adelante, hasta la total devastación de nuestro país y del planeta entero, eso lo sabemos, pero cabe la esperanza de que personas de diversa filiación política, de diversa edad, e incluso antiguos servidores suyos, se unan con la finalidad de cerrarle el paso. Es lo que nos toca. Los de Múnich se envolvieron en la bandera de la democracia. A nosotros nos toca envolvernos en la del bien común. De manera inequívoca.

martes, 19 de junio de 2012

PEDRO ARRIOLA, KARL ROVE Y LOS DEMÁS


   Tras el tremendo atentado del 11M –me acuerdo como si hubiese ocurrido ayer–Aznar le echó rápidamente la culpa a ETA, en el supuesto de que si las buenas gentes se tragaban esta versión en vísperas electorales, juntarían filas y votarían a Rajoy. ¿Cómo pudo atreverse a una jugada así?  Por el consejo de los expertos en mercadotecnia política.
     Desde hace tiempo las personas con mando en plaza, en lugar de leer libros serios y de consultar las cosas con la almohada, se dedican a consultar a estos “expertos”, gentes que, como el sociólogo Pedro Arriola, operan en la sombra, no al servicio del país sino al del cliente, al que llegan a anular. Si a Rajoy se le ocurriera hacer algo por los mineros asturianos, presentarse en la misma boca de la mina, por ejemplo, el gurú lo pararía en seco: son cuatro gatos, no hay que darles visibilidad, etc.
    Si queremos entender el modus operandi del PSOE en los inicios de la crisis (negación, brotes verdes…), y la forma en que actúa hoy el PP, haremos bien en recordar que aquí nadie mueve un dedo sin consultar al gurú. Así se explica que algo tan serio –e infumable– como la reforma constitucional se haya perpetrado durante las vacaciones, o que la noticia del rescate a la banca se haya producido precisamente un sábado por la tarde. 
    Se supone que los expertos, a diferencia de los arúspices consultados por los antiguos, todo lo pueden, dada la universal memez, y cabe la sospecha de que la democracia formal haya sido consentida en la medida en que efectivamente se puede manipular a grandes masas humanas, haciéndolas comulgar con ruedas de molino.  
     En cualquier caso,  de algo no me cabe duda: Edward Bernays, el autor de Propaganda,  es una de las personas que más daño han hecho a la democracia y al buen sentido de la humanidad. Un tipo nefasto, ya superado en perfidia por sus discípulos, y muy claramente por Karl Rove, cuyos recetarios se aplican a rajatabla entre nosotros.  
    ¿Por qué creemos que una legislatura entera fue consumida, en plan campaña electoral permanente, por una oposición empeñada en crear una confusión mayúscula en torno a la autoría del 11M, sin que a nadie le importase el daño que eso ocasionaba al país y al sistema político?  Hasta se nos dio a entender que Zapatero tenía algo que ocultar con respecto al atentado. ¿Por qué creemos que la siguiente legislatura se consumió en la faena de convencernos de la estulticie de Zapatero, atacándole siempre en los mismos puntos, viniera o no a cuento? Respuesta: por la aplicación de las recetas de Karl Rove, en mala hora importadas, pero, ay, de probada eficacia. 
    El político caído en las manos de su gurú acaba por vivir de espaldas a la verdad y a la mismísima realidad, como si fuera un vendedor de coches usados presto a inventar nuevos cuentos  si surge algún “problemilla”. Esto con olvido de su propia personalidad, si es que la tiene. Y no es un asunto sólo de gobernantes. Hasta el señor Divar, en situación airada, buscó consejo en algún gurú. Así se explica que nos diese una rueda de prensa espectacular, previamente ensayada. Si lo negaba todo, con voz firme, como se le habla a un can, podría salir bien librado. El poder se sube a la cabeza, como una droga, y con la ayuda de estos expertos puede esperarse hasta una precipitación en el ridículo más espantoso. La infalible fórmula puede fallar, oh novedad.
     Quizá la dictadura de la mercadotecnia política se esté acercando a su final, por las reacciones alérgicas, hoy espectaculares. Tomemos, por ejemplo, el caso de Rato. El afamado economista pudo creer que con una puesta de escena espectacular, con un cambio de nombre, y unos aires seguridad absoluta y de triunfal dinamismo saldría bien librado, y no. La técnica sólo le ha servido para quedar francamente mal. O el caso de Rajoy, que llegó al poder con un programa electoral redactado por expertos, un programa para ganar y no para ser cumplido, según el criterio de que se puede abusar indefinidamente de la buena fe de la gente. Ahora,  nuestro presidente pudo creer que con hacer estallar la bomba un sábado y con irse al día siguiente al partido daría la impresión de tener la situación bajo control, pudo creer que bastaría con alterar el lenguaje y convertir el “rescate” en un  “préstamo”...  Llegó a decir que, “solucionado el problema”, se iba al partido. Lo hizo todo en aplicación del manualito. Y hasta le puso una pequeña guinda: Que nadie fuera a creer que había claudicado ante los poderes que tenían en jaque a Zapatero. No. El que había exigido el dinero, como si se lo debieran, era él. ¡Faltaría más! Sólo a un mago de la publicidad se le pudo ocurrir una forma así de encadenar disparates para salir del paso.
    El ministro Montoro nos hizo saber, enfáticamente, que los hombres de negro no vendrán. Más de lo mismo. Cuestión de “imagen”.  Algo de lo que entendía Goebbels: “nuestros enemigos serán arrojados al mar”.  En realidad, no sabemos lo que piensa el señor Montoro.
    Recientemente, grandes empresarios españoles, todos a una, han lanzado una nada barata campaña de optimismo.  La ministra de trabajo ha dicho, según el manualito, que ya ve “luz al final del túnel”. Se hace saber a los depositantes de Bankia que ahora, bajo la protección del Estado,  realmente pueden dormir tranquilos. El  señor De Guindos acaba de afirmar con la mayor seriedad que España es un “país solvente”…
     Pero la técnica empieza a fallar, creo que por haber despegado todos de la realidad. Lejos de salirse con la suya, el sofista de manual acaba en ridículo, y provoca una irritación indescriptible.  Hemos llegado al punto de que cualquier afirmación provoca desconfianza, una desconfianza acumulativa y explosiva. Y esto es muy curioso y digno de reflexión, porque millones de personas manipuladas, tan manipuladas que hasta se asustaban cuando alguien les decía la verdad, presentan el cuadro alérgico completo.
    Quizá convenga tener en cuenta algunos factores. El primero es que los expertos en mercadotecnia política carecen de límites, y que como buenos mercenarios ponen su saber al servicio de cualquiera dispuesto a pagar, aunque se trate de una causa perdida. Hasta para lanzar un jabón hace falta tiempo. Pero hoy se actúa toda prisa, y sale lo que sale. Los éxitos de la propaganda, el arma número uno de la ingeniería social, el instrumento que llevó a la presidencia de Estados Unidos al indocto Bush jr, el instrumento utilizado para imponer el capitalismo salvaje donde parecía imposible, estos éxitos se han subido a la cabeza de los magos y de sus clientes, que empiezan a dar muestras de falta total de cordura.
    El segundo  factor a tener en cuenta es que el manualito de indecencias  y sofisterías ha impregnado hasta tal punto a las clases dirigentes que ya cualquiera, sin necesidad de consultarles, actúa como si les hubiese consultado, con la consiguiente multiplicación de las chapuzas. Así, el  improvisado y campechano “¡enhorabuena!” del rey a Rajoy por el préstamo sonó como una frivolidad.
    El tercero es que, para que una sociedad se trague una buena mentira, condición necesaria es un estado de relativa satisfacción colectiva. La técnica funciona mal cuando la gente está en apuros.
    Y el cuarto es que hace falta que la gente sea realmente mema para tragarse ciertas trolas. Los expertos se apresuran a tranquilizar al cliente, temeroso de hacer el ridículo y de contradecirse: da igual –le dicen– lo que piensen tales o cuales minorías intelectuales, pues lo único importante es hacer impacto en la sustancia gris de la masa, de la plebe o como se quiera llamar.
    El manualito empieza a fallar en nuestro país:  Por lo mucho que se ha abusado de él y también porque el proceso de atontamiento de las masas no está tan avanzado como en los Estados Unidos. Aquí no tenemos un 50 por ciento de analfabetos funcionales ni tampoco setenta millones de cristianos renacidos en disposición de creer cualquier cosa, aquí a la gente no se le puede dar gato por liebre sin pagar las consecuencias, sin quedar como un farsante, un embustero o un inepto, o las tres cosas juntas. Ya sabemos que, con el pretexto de la crisis, se pretende hacer retroceder la preparación de los españoles, de forma que lleguen a ser lo suficientemente manejables, pero, a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos, aquí a esos pícaros el tiempo se les ha echado encima, cuando el país iba intelectualmente hacia arriba y no hacia abajo.
     Concluyo: no habrá estadistas ni políticos serios, a menos que los gurús de marras sean licenciados todos a la vez. 

lunes, 18 de junio de 2012

ELECCIONES EN GRECIA


   La euforia de la Europa pudiente ante la victoria del conservador Samaras debe ser motivo de conmiseración. ¡Hay que ver la suerte que ha tenido Tsiparas! Un poco más, y gana, y entonces habría caído sobre él todo el enjambre, toda la basura mediática.
    Lo único que tiene que hacer el líder de Syriza es esperar sentado el previsible e ignominioso final del tándem Samaras-Venizelos, dos pecios políticos desde el punto hora en que tragaron con el chantaje en sustitución del deshuesado Papandreu.  Si logran formar lo que pomposamente se llama un “gobierno de unidad nacional” para mejor servir a “los mercados”, peor para ellos. El problema es el sufrimiento de los griegos, y desde luego,  algo que debería también mover a hacer algo serio: de seguir Europa por este camino, dará la razón  a personas verdaderamente extremistas, a las que ya me parece estar oyendo afilar las espadas. Lo de Amanecer Dorado no es una pequeñez. 
    A  todo esto, la formidable pirámide de Ponzi sigue viniéndose abajo a cámara lenta, y seguirá, hagan lo que hagan Samaras-Venizelos. 

jueves, 7 de junio de 2012

DOS PREGUNTAS A JORDI SEVILLA Y JOSEP PIQUÉ


  Acabo de leer el  artículo  “Juntos, mejor”, aparecido en El País (6 de junio). Es de agradecer que, por fin, dos políticos de distinto signo, uno del PSOE y otro del PP, sean capaces de firmar tan llanamente un texto común, con la mirada puesta en problemas muy reales.
    De agradecer porque hemos padecido, una legislatura tras otra, una forma  suicida de hacer política, basada en la dialéctica del amigo y el enemigo, en el navajeo parlamentario y en los sofismas de los expertos en mercadotecnia política.  De donde resultó que ni las tareas de gobierno ni las tareas de la oposición fueron cumplidas dignamente, con el correspondiente desgaste del sistema democrático que asumimos en 1978, con el correspondiente aumento exponencial de la desconfianza en la clase política, sobre el que tan oportunamente ustedes llaman la atención. Y es que una clase política no puede vivir sistemáticamente de espaldas a la verdad, de espaldas a la gente, y haciendo de sus peleas intestinas un espectáculo… sin chamuscarse.
   Me parece bien el lema “juntos, mejor”, porque en plan riña de gatos podemos acabar todos en el infierno. Es cierto, además, que aquí hace falta un “plan estratégico” y sin duda también un “pacto de Estado” encaminado a su cumplimiento. Entiendo que ustedes traigan  a colación los  Pactos de la Moncloa, a modo de nostálgico motivo de inspiración.
   La política de ir poniendo parches es ruinosa, los ponga quien los ponga. Es el colmo, por otra parte, que todavía no exista dicho plan estratégico y que estemos viviendo, con crisis o sin ella, a lo que salga, consumiendo bienes materiales e inmateriales a tontas y a locas. Por no hablar de la manera insensata en que se está dilapidando el talento de las jóvenes generaciones.
    Es el colmo también que, a lo largo de los años, no se haya hecho otra cosa que ir por la línea del menor esfuerzo en pos de beneficios rápidos, que  se haya jugado en todo momento a favor del 1% y en contra del 99%, que no se haya parido una sola idea original, como si en este país sólo fuésemos capaces de copiar toscos argumentarios inspirados en folletos servidos por think-tanks de allende los mares.
    Ahora bien, echo en falta dos cosas en  el artículo, por lo que pido aclaraciones. El “juntos, mejor” me parece saludable a condición de que ustedes conserven sus respectivas señas de identidad política. Como hicieron los signatarios de los Pactos de la Moncloa. Si por juntos  se entiende confundidos y revueltos,  la cosa no me haría ninguna gracia, por insana y perversa.
    Habiendo hecho ustedes  un  uso ostensible de la "puerta giratoria" que lleva de la política activa a las altas esferas del empresariado, no vaya a ser que se hayan juntado por haberle tomado el gusto a estar en lo mismo.
    También podría ser que ustedes se hayan  tomado en serio eso de que la derecha y la izquierda son cosas del pasado, o el espejismo de que Sarkozy era un hombre de izquierdas, o el mito del fin de la historia, o el mito de los tecnócratas.  En tal caso, mal, muy mal. Su artículo pretende ser pedagógico, pero, cuidado, porque mezclar las identidades políticas conduce al caos y al descrédito de los mezclados. Les  hago notar que la calle ya ha dicho “ni PSOE ni PP”: ha visto que, más allá de las trifulcas para la galería, sirven a los mismos intereses corporativos. Y esto no se perdona.
   En segundo lugar, echo en falta en este artículo un pronunciamiento claro y distinto a favor de la gente. Esto me inquieta, no vaya a ser que estemos pensando en planes estratégicos completamente distintos, enfocados hacia metas opuestas.  Les pido, pues, una aclaración. ¿Están ustedes reclamando un plan estratégico y un pacto de Estado a favor del 1% o a favor del 99%? La respuesta no me resulta obvia, por eso solicito una aclaración.
    Y la respuesta no me resulta obvia porque he oído últimamente varias llamadas, todas sospechosísimas, a la unidad, a superar los enfoques partidistas, a arrimar todos el hombro, e incluso a dar paso a un “gobierno de concentración”… sin que en ningún momento se haya hablado de poner coto por las bravas –todos a una– al festín que se está dando a nuestra costa la Bestia neoliberal, lo que invita a pensar en que, por el contrario, se trata de seguir engordándola, en plan sacrificio colectivo. ¿Debo o no inscribir su  artículo en esta línea? Espero que esta pregunta algo ruda no me sea tomada a mal, porque es ineludible.
    Ya he escrito en alguna parte que hacen falta todas las personas de buena voluntad, también por supuesto los políticos  que la tengan, para hacer frente a la citada Bestia, antes de que nos mate. Por eso suscribo su “juntos, mejor”, pero sólo con esa finalidad superior. Si la clase política juntase filas simplemente para seguir en las mismas, mal asunto (lo digo con el corazón en la mano).