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martes, 24 de abril de 2012

LO QUE SE TRAEN ENTRE MANOS IGNACIO WERT Y ANA MATO


   No sé con qué criterio han sido seleccionados para ocupar sus cargos,  sólo sé que ambos tienen formación sociológica, por lo que cabe atribuirles cierta conciencia sobre los efectos sociales –y humanos– de las medidas que están tomando.
     Ideas nuevas, ninguna: Están cumpliendo la hoja de ruta del capitalismo salvaje, trazada hace cuarenta años. Están implantando aquí el modelo que ya acabó con el Estado de Servicios en Estados Unidos, un modelo que deja a millones de personas sin asistencia médica a mayor gloria del negocio de unos pocos, un modelo que tiene a aquel país en retroceso, cargado de analfabetos funcionales, como acreditan las estadísticas, todas ellas alarmantes.
    Parece que el señor Wert y la señora Mato empezaron por admirar ese modelo, hace muchos años, llegando a considerarlo natural.  Ahora nos lo imponen,  todavía convencidos de su excelencia, sin percatarse de que todos sabemos, a estas alturas, qué  clase de sufrimientos y miserias trae consigo.
    Claro que en Estados Unidos se actuó con método, paso a paso, pues de repente y sin método no se habría podido imponer esa salvajada, ese atentado contra el bien común. Hubo tiempo de recortar un poquito por aquí, tiempo de hacer promesas, tiempo de hacer algunos obsequios, tiempo para propagandear. Cierta obras de ingeniería social no se improvisan. Por eso me estremezco al constatar que  nuestros dos sociólogos se atreven a copiar, sin más, ese modelo fracasado, de la noche a la mañana y sin la menor precaución política, basándose en el simple ordeno y mando. Si malo es el modelo, esta forma de aplicarlo es demencial.
   La asfixia de la sanidad pública no se debe exclusivamente a tales o cuales problemas económicos del momento, que se podrían afrontar, como es obvio, metiendo mano en otras bolsas.  Se debe a que interesa dar un fuerte impulso a la sanidad privada y liberar a los ricos y a las grandes corporaciones de la obligación de contribuir a mantener y elevar el nivel sanitario de la población.
    En cuanto a la asfixia de la educación pública, lo mismo, con el mismo desprecio por lo que se entiende por el bien común, con el agravante de que aquí se va contra la parte más joven y más sana, y por lo tanto contra el porvenir de los españoles, contra su desarrollo intelectual, científico y técnico. Se trata, una vez más, de dar alas a lo privado,  a costa de lo público, pero también –y sobre todo– de crear una sociedad clasista, en la cual el acceso a los más altos niveles del conocimiento quede reservado a los ricos, y como favor a quienes estén dispuestos a hacerles la pelota en todos los terrenos.
      ¿La crisis? ¡Ay, señor Wert, qué buen pretexto para imponer el plan Bolonia!  Pero no me diga que no sabe que estamos hablado de una brutalidad antiilustrada de la peor especie. ¿O ignora usted que va hacia atrás? Ni Cánovas del Castillo, ni Miguel Primo de Rivera, ni los republicanos, ni Franco, ni Suárez… entenderían lo que usted y la señora Mato se traen entre manos. Quizá sea esta su única originalidad.

lunes, 19 de octubre de 2009

GRIPE A: LA DESCONFIANZA VA EN AUMENTO

A fuerza de trapisondas y mentiras alevosas los poderes públicos y sus asociados privados, ya adictos todos a la llamada “industria del asentimiento”, se dedican a dilapidar delante de nuestros ojos ese bien precioso llamado confianza, sin el cual ninguna sociedad abierta puede mantenerse en pie como tal.

Prívese a la democracia de la confianza, y se acabó. Y en el supuesto de que un sistema democrático pervertido pueda mantenerse con la sola asistencia de los despistados crónicos y de quienes por freudianos mecanismos son incapaces de contemplar el mal de frente, aseguro que conducirá a una catástrofe, de lo que tenemos ejemplos históricos más bien aterradores.

La desconfianza está batiendo todos los récords, y ya no es sólo un padecimiento de determinadas élites esclarecidas, pues viaja en taxi y se comenta en cualquier cafetería. Los más jóvenes se sienten “manipulados”, con la particularidad de que se asombran si uno se llama a escándalo (cuentan con la manipulación, lo que nos indica lo bien que hemos hecho las cosas sus mayores).

Viene esto a cuento de la gripe A, un asunto que huele a podrido [ http://vimeo.com/6790193]. Tal como están las cosas, no da ninguna gana ponerse la vacuna.

No soy un experto en gripe, pero Teresa Forcades, una monja benedictina, me merece más confianza que la mismísima OMS, lo que de suyo es indicativo de que la confianza está por los suelos. Teresa Forcades, médica y bióloga, se manifiesta claramente contra esta vacuna y –duele decirlo– lo que dice concuerda plenamente con ciertas informaciones repulsivas sobre la parte oscura del tinglado farmacéutico. A la pregunta de si creo que hay gente que es capaz de jugar con la salud humana por dinero, respondo que sí. Y que se lo pregunten también a John Le Carré.

En asuntos tan serios, el ciudadano de a pie quisiera poder fiarse de las Autoridades a ojos cerrados, pero ya no puede, ni en este campo ni en otros.

Porque llueve sobre mojado. Llevamos varios trágalas seguidos, ninguno de los cuales ha servido precisamente para aumentar nuestra confianza en el Sistema Global. ¡Tantas veces hemos sido sorprendidos en nuestra buena fe! En un orden decente, la desconfianza paranoica no tendría lugar, ni habría tanto espacio para teorías conspiratorias...

El antídoto contra la desconfianza se reduce a una fórmula bien conocida, con tres ingredientes: el compromiso con la verdad, la buena voluntad y el respeto por el prójimo. Ninguno de los tres se encuentra disponible en el Mercado.