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martes, 1 de junio de 2010

BARBARIE EN ALTA MAR

   El ataque de Israel contra la llamada Flotilla de la Libertad nos pone, con la mayor crudeza, ante barbarie contemporánea. Se pide una investigación, pero con eso no nos basta, no nos puede bastar, porque ya sabemos adónde van a parar las "investigaciones" de ese tipo: a la papelera de la historia.
   Un representante israelí ha justificado la criminal acción de su gobierno con un razonamiento de lo más sencillo: si éste hubiera dejado pasar a la Flotilla, tras ella vendrían  otras… lo que constituye una declaración de impotencia.
  Constato que, con tal de lograr sus fines, el gobierno israelí no ha dudado en retratarse para la posteridad con un rostro francamente inhumano. Quizá estemos ante una repetición, quizá ante una novedad, quizá ante las dos cosas. Ahora bien, el poder armado tiene un límite, como decía  el viejo Gandhi y como nos acaba de ser recordado. El uso de  armas contra gentes desarmadas provistas de una intención moral se vuelve indefectiblemente contra el que abusa de su poder.

domingo, 13 de diciembre de 2009

OBAMA, PREMIO NOBEL DE LA PAZ…

No deja de ser penosamente instructivo que el mismo día en que tocaba celebrar un nuevo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), nos tengamos que ver con la pieza oratoria que el presidente Barack Obama pronunció en Oslo.

El flamante premio Nobel de la Paz ha hecho saber al mundo que debemos contarlo entre los defensores de la “guerra justa”, cuyos requisitos –esto no lo dijo– fueron establecidos allá por el siglo XIII. El problema, desde entonces, han sido precisamente las guerras justas, no en la teoría sino en la práctica. Imbuido un jefe militar de la creencia de que está librando una guerra justa, ¿quién lo va a parar? Tenemos mucha y muy triste experiencia al respecto.

A juzgar por la pieza oratoria de Oslo, bien se ve que Obama es un avezado jurista, que sabe matizar, que trata de hacerse entender, que procura mostrarse ecuánime, pero precisamente por ello el resultado se puede considerar más inquietante que la impetuosa tosquedad de su predecesor, el cristiano renacido George W. Bush. No debo ocultar mi preocupación. Junto al oscurantismo religioso, nos ronda otro no menos deletéreo, de orden puramente intelectual, de mal pronóstico también. ¿Se puede confundir el ejemplo de Mohadas Gandhi o de Martin Luther King, hombres grandes de verdad, con… el de Ronald Reagan? Obama acaba de hacerlo, con naturalidad pasmosa.

Recordar la “guerra justa” contra Hitler y el nacionalsocialismo con la intención de justificar lo de Afganistán es, se mire por dónde se mire, un sofisma de la peor especie. ¿De verdad cree Obama, tan inteligente e instruido, que se puede comparar una cosa con otra? ¿Cree que Santo Tomás de Aquino le haría el favor de considerar justa la guerra que se está librando en Afganistán?