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miércoles, 16 de noviembre de 2016

BYE, BYE MR. OBAMA

    Hay que aplaudir la reforma sanitaria de Obama, pero resulta que ha tenido que conformarse con lo mínimo por los compadreos con las farmacéuticas y los capos de la sanidad privada. De lo demás, mejor no hablar, porque del famoso “sí se puede” no queda  gran cosa.
     ¿Fue capaz de cerrar Guantánamo, como había prometido? No. ¿Puso fin a la tragedia de los indocumentados de su país? No, e incluso será recordado por la deportación de niños y mujeres a altas horas de la madrugada. ¿Frenó los desahucios? ¡Pues tampoco!
      ¿Metió en cintura a los juerguistas de Wall Street? No, y por el contrario les encomendó precisamente a ellos que arreglasen el desaguisado.
     ¿Arremetió contra la pobreza, en plan Lyndon B. Johnson? ¡Ni se le pasó por la cabeza!  Ni siquiera cumplió su promesa de corregir los excesos del NAFTA…   
     ¿Recuperó la normalidad aboliendo la Patriot Act? No, claro que no.
     ¿Hizo algo serio y memorable contra el cambio climático? Pues no.
    ¿Trajo la paz? No, e incluso atizó nuevos focos bélicos (Libia, Siria…).
    ¿Hizo honor a su promesa de trabajar por liberar al mundo de la amenaza de una guerra nuclear? ¡Qué pronto se olvidó de lo que dijo Praga!  No solo jugó con fuego en lo tocante a Rusia; resulta que desactivó menos ojivas nucleares que su predecesor… y que ha lanzado un proyecto de modernización del arsenal de armas nucleares norteamericanas, a treinta años vista, con un presupuesto inicial de un billón de dólares…
    ¿Elevó los estándares éticos de su país? ¡No! En lugar de apresar y juzgar a los sujetos peligrosos, la ejecución extralegal sigue siendo el método preferido, con la particularidad de que los drones, a los que este catedrático de derecho constitucional es muy aficionado, siegan vidas inocentes de manera sistemática (moralmente hablando, lo peor de lo peor).
     Termina su mandato, se impone un balance deprimente, pero he aquí que  el juicio de la historia quedará en suspenso por tiempo indeterminado, por la llegada de Donald Trump.  Ya nos veo echando de menos a Obama, sus palabras analgésicas y su espectacular sonrisa. Ya no importa lo que haya hecho o dejado de hacer.  Hemos podido comprobar que, en cuanto a nuestros  intereses se refiere,  se puede poquísimo y a duras penas. Pisotearlos descaradamente, dado el orden de cosas existente, es mucho más fácil, como nos hizo ver Bush jr. y como tendremos ocasión de verificar en los  próximos meses.