viernes, 29 de enero de 2016

HABLÓ FELIPE GONZÁLEZ

    El ex presidente está empeñado en convencernos de las bondades de un gobierno PP-Ciudadanos, al que, según su parecer, el PSOE debería dar su anuencia.  Se ha apeado de su gran coalición PP-PSOE, lo que nada tiene de extraño a la luz de los resultados electorales.
    La existencia de Ciudadanos podría servir, cree,  para salvar al PSOE. Lo de la Gran Coalición era una jugada a la desesperada, tramada para salvar el status quo, no a su partido. Vista no le falta a González. Ahora ve la ocasión de que el PSOE, ofreciendo unos servicios menores, pueda eludir la responsabilidad por los recortes y atropellos que se avecinan. Y tanto le complace su arreglo que no ve ningún inconveniente en dejarle el campo libre al PP,  decidido a hacer la vista gorda ante los aspectos de este partido que a muchos nos han revuelto las tripas.
     Y memorable ha sido su juicio sobre Podemos. Se trata, nos dice, de un partido leninista y chavista de la peor especie, en lo que, significativamente, viene a coincidir con la apreciación de José María Aznar, ya convencido de que el propósito secreto de Podemos es cargarse la democracia.
     No se trata de una pequeña anécdota al margen. Que ambos personajes, insignes voceros del establishment, nos vengan con estas es mucho más grave que la pueril campaña encaminada a pintarnos como grandes corruptos y vendidos a Iglesias, Monedero y Errejón. Eso es lo que piensa el establishment, capaz de presentarse como el campeón mundial de las libertades.
    Por lo visto, ya no se considera lo bastante fuerte tildar a Podemos de populista. Es leninista, antidemocrático,  esto es, potencialmente violento. Lo que de buenas a primeras justifica que se prefiera apoyar a Rajoy en este trance, y podría justificar luego cualquier medida de excepción.
  Si tenemos en cuenta lo dicho por González, ¿qué posibilidades tiene Pedro Sánchez de entenderse con Podemos? Ninguna, y además se demuestra que Podemos hizo muy bien en poner duras condiciones a un posible pacto de gobierno con el PSOE. 
    El  PSOE está dividido, y la parte progresista, la de Pérez Tapias, en evidente minoría. No por otra razón ha habido espacio de sobra para el nacimiento y la expansión de Podemos, tema que el señor Felipe González pasa por alto en todas sus intervenciones como si también él, como un posmoderno más, considerase inanes las consideraciones históricas más elementales. Este hombre quiere seguir arrogándose el monopolio de la izquierda después de haberla traicionado alevosamente, y encima se permite meter miedo a los ignorantes y a los timoratos con eso del leninismo. Antes se apelaba al comunismo y  al oro de Moscú para mejor perseguir a cualquier opositor, hoy al leninismo y mañana al oro de Irán... 

lunes, 25 de enero de 2016

El LLAMAMIENTO DE VARUFAKIS

     El ex ministro de finanzas griego Yanis Varufakis pone en marcha el Movimiento por la Democracia Europea, cuya presentación en sociedad tendrá lugar el 9 de febrero en Berlín. La iniciativa obedece a la evidencia de que, una de dos, o se materializa en Europa una democracia digna de tal nombre, o sobrevendrá un desastre político y social de imposible remedio.
     Si alguien sabe con qué bueyes aramos, este es Varufakis.  Ha sufrido en sus propias carnes la prepotencia y la cerrilidad de las altas instancias europeas que pusieron a Grecia de rodillas. Sabe cómo se las gastan los mandamases de Bruselas, ha sido testigo de cómo el Parlamento europeo opera en el vacío. Las decisiones se toman a puerta cerrada y en plan tecnoburocrático, a placer de los intereses oligárquicos. La democracia actual es pura apariencia, la cobertura de un autoritarismo fatídico para el bien común.
    No dice Varufakis que vaya a ser fácil democratizar Europa de verdad.  Reconoce abiertamente que su proyecto tiene una dimensión utópica, pero –y esto es lo decisivo– ha decidido actuar, espoleado por su conciencia. Me solidarizo con esta decisión, de orden moral.
    Ya veremos lo que sale del cónclave fundacional del 9 de febrero. De momento, me ha gustado mucho que Varufakis plantee su Movimiento por la Democracia Europea en términos abiertos, no excluyentes, como un llamamiento a todos los europeos que hayan comprendido el peligro de seguir en las mismas y deseen democratizar Europa a fondo. 
     Nos las tenemos que ver con un mecanismo autoritario y elitista que viene de lejos y que no puede ser desmontado por un solo grupo político. Es preciso apelar a valores que están por encima de la lógica partidaria, sobre los cuales es posible basar un acuerdo trascendente. Hacen falta todos los demócratas, tanto los de izquierdas como los de derechas. Solo se podrá cambiar el actual estado de cosas en la medida en que consigamos embridar el poder por medios democráticos, proeza que no está al alcance de un solo partido, ni de un solo país.  Por eso el llamamiento se dirige, en primer lugar, a las personas, con independencia de su filiación política.
    El planteamiento de Varufakis es propio de un pensamiento maduro y resabiado. Si no le interpreto mal, creo que tiene ojos para una cuestión delicada, sobre la que no se suele pensar:  desmontar el aparato antidemocrático que padecemos es tarea que supera las fuerzas de un solo partido, como acabo de decir, salvo en el caso de que el tal partido opere de forma no democrática, es decir, por las malas, como ya ha ocurrido varias veces para desgracia general.  Ya sabemos adónde se va a parar con los regímenes de partido único, detestables por definición, y ya flota en el aire la tentación de repetir viejas historias, una tentación solo comprensible por la cerrilidad del poder desaforado que nos domina.
    Bajo esta luz la propuesta de Varufakis resplandece en todo su valor y oportunidad. Se trata de dar vida a un movimiento democratizador  generalizado, capaz de limpiar el terreno de juego, única manera de que las distintas sensibilidades políticas puedan desempeñarse de manera normal, de manera legítima y efectiva, libres de la acusación de no representar al ciudadano común y corriente.